Archivo

Conceptos empleados en los discursos animalistas, partiendo del veganismo como base moral.

Foto por Valeria Hutter

El abolicionismo es un movimiento político que busca eliminar una institución o práctica que considera injusta o inmoral. Por ejemplo, en la historia se luchó por abolir la esclavitud humana, y en la actualidad también existen posturas abolicionistas que hacen frente a la prostitución, al sistema carcelario, al trabajo infantil, entre otros.

Ahora bien, cuando hablamos del abolicionismo animal decimos que no deberíamos usar a los animales como si fueran objetos, recursos o propiedad. Es decir, no es cuestión de darles un trato “humanitario”, sino de dejar de explotarlos por completo. En este sentido, el veganismo es el principio que permite llevar esta postura a la práctica, por lo tanto, su base es inherentemente abolicionista.

Foto por Narno Beats

Adoctrinar es el proceso por el cual nos enseñan ideas, valores y creencias de manera acrítica e irreflexiva. En el caso de los animales, el adoctrinamiento busca que veamos normal su explotación. Desde pequeños, aprendemos a valorarlos en función de su utilidad para: alimento, ropa, entretenimiento, trabajo, experimentos, transporte u otros usos, sin cuestionar su moralidad. Así, el adoctrinamiento refuerza formas de poder que se sustentan en sistemas de creencias culturales, económicas, políticas y religiosas.

Foto por StockSnap

El animalismo es un movimiento sociopolítico en defensa de los animales. Cualquier persona que sienta una preocupación moral por ellos podría llamarse animalista. Aun así, el término es ambiguo porque dentro hay posturas que buscan “mejorar” la situación de los animales, pero que no comparten el propósito del veganismo: abolir la explotación, el estatus de propiedad y la relación de dominio.

Actualmente, gran parte del animalismo se basa en tres posturas. La primera es la bienestarista, que busca que los animales sufran menos mientras son explotados. La segunda es la proteccionista, que se enfoca en proteger sólo a algunas especies según lo útiles o cercanas que nos resultan. La tercera es la prohibicionista, que busca eliminar prácticas consideradas crueles.

Foto por gayulo

El antropocentrismo es la idea de que el ser humano es el centro del universo y que todo lo que existe es para su beneficio. Por este motivo, se concibe como dueño de la naturaleza y se atribuye el derecho a usar y dominar a los animales. Esta forma de pensar se ampara en la excepcionalidad humana para sostener una doble tesis: todos los humanos tenemos el mismo estatus moral y, además, nuestro estatus es superior al de los demás animales. Así trazamos una línea entre “lo humano” y “lo animal” para justificar su explotación.

Foto por Lori

El bienestar animal es el conjunto de normas legales que regulan la explotación de los animales. Su objetivo es establecer condiciones que permitan una producción más eficiente y rentable para los humanos, al tiempo que pueden reducir el sufrimiento de los animales explotados. En otras palabras, esta política no cuestiona la legitimidad del uso de los animales, sino que gestiona dicha explotación para adecuarla a determinados estándares de trato definidos por quienes se benefician de ella; por lo tanto, es incompatible con el veganismo.

Foto por Varan NM

El bienestarismo es una postura ideológica que acepta que los animales sean explotados siempre que se intente reducir su sufrimiento. Se apoya en la teoría moral denominada «utilitarismo», que establece que una acción es correcta si beneficia a la mayoría, aunque implique usar a otros —humanos o no humanos— como medios para un fin. Desde esta mirada, lo importante es que se cumplan las normas de bienestar y que los animales explotados reciban un supuesto “trato humanitario”. Por eso, esta postura es opuesta al veganismo.

Foto por Margot Noyelle

Una campaña monotemática es la que se enfoca en denunciar un tipo concreto de explotación animal que conlleva crueldad inherente a la práctica, como por ejemplo, la tauromaquia, la experimentación, el uso de pieles, la caza deportiva, la producción en granjas industriales, entre otras. Sin embargo, el problema con estas campañas es que se centran sólo en algunas prácticas, priorizando por grados de sufrimiento, las diversas manifestaciones de la explotación, mas no cuestionan la explotación en sí, de modo que terminan siendo contradictorias con el propósito del veganismo.

Foto por Annika Treial

Cosificar es tratar a alguien como si fuera una cosa. No quiere decir que pensemos literalmente que lo es, sino que actuamos como si no tuviera intereses propios: los ignoramos, los negamos o los subordinamos a nuestros intereses. A lo largo de la historia, grupos humanos han cosificado a otros para justificar el poder que ejercen sobre ellos. Por ejemplo, durante mucho tiempo las mujeres fueron tratadas como propiedad de los hombres, reducidas a cubrir sus necesidades. Algo similar ocurre con los animales: los tratamos como objetos de nuestra propiedad o como recursos disponibles, valorados según su utilidad para los humanos.

Foto por prathap karaka

Un derecho es una forma de proteger un interés. Cuando decimos que alguien tiene un derecho, significa que los demás tenemos ciertas obligaciones o límites hacia ese individuo. Al hablar de los animales, debemos distinguir entre derechos legales y morales.

Los derechos legales son un conjunto de normas creadas mediante convencionalismos sociales que se concretan en leyes para garantizar la convivencia y proteger a quienes forman parte de una comunidad.

En cambio, los derechos morales no dependen de leyes ni de la autoridad humana, sino que se descubren, por derivación lógica, a partir de la capacidad de sentir, para proteger los intereses básicos de los seres sintientes. Entonces, cuando hablamos de Derechos Animales, hablamos de derechos morales y el veganismo respeta su derecho a ser libres.

Foto por Christian Cagni

La dominación es una relación desigual en la que una persona, un grupo o una institución ejerce control sobre otros. En este sentido, la relación entre humanos y animales es claramente asimétrica porque nosotros tenemos el poder sobre ellos. A partir de ahí, la dominación de los animales surge cuando usamos ese poder para organizar sus vidas según nos conviene: decidimos sobre sus cuerpos, su reproducción, su libertad, su trabajo y el papel que desempeñan en nuestra sociedad.


A veces, la dominación es evidente, como en la explotación directa. Otras veces es más discreta: se instala en nuestras costumbres e ideas a tal punto que nuestra supuesta superioridad parece natural, o incluso negamos que exista. Frente a esto, el veganismo propone cambiar la relación de dominio y poner fin a la explotación de los animales que se deriva de ella.

Foto por Hans Jurgen

El ecologismo es un movimiento sociopolítico que defiende y protege la naturaleza. Parte de una idea sencilla: cambiar la forma en que nos relacionamos con los demás seres vivos, por lo que nos invita a tomar conciencia y a entender que no estamos separados del entorno. Sin embargo, en muchas de sus prácticas actuales, el ecologismo tiende a valorar a las especies según la función que desempeñan en el equilibrio ecológico. Desde esa perspectiva, protege a ciertos animales mientras decide eliminar a otros, o incluso reducir la población de individuos de una misma especie. Así, en nombre de la naturaleza, termina por dominar a algunos animales para favorecer a otros.

Foto por Pavan Bharadwaj

Emancipar significa liberar a un sujeto de toda clase de subordinación. Cuando hablamos de la emancipación de los animales, no se trata sólo de cerrar granjas, zoológicos u otros espacios de explotación, sino que implica que los seres humanos dejemos de ejercer dominio sobre ellos. Esto no quiere decir que debamos provocar su extinción, pero supondría, para algunos, el fin gradual de las alteraciones y dependencias que hemos creado con la domesticación, mientras que para otros sería más bien el retorno a la sanidad de la naturaleza. En este sentido, el veganismo hace posible su emancipación.

Foto por Craig Manners

La esclavitud es una relación de poder en la que un sujeto o grupo domina a otro, y quien queda sometido no es visto como individuo, sino que se considera propiedad del dominador. En el caso de los animales, esta relación comenzó en la antigüedad, cuando la domesticación facilitó el control casi total sobre sus vidas y cuerpos para utilizarlos en la agricultura, el transporte, la alimentación, los rituales religiosos e incluso la guerra. Y aunque parezca cosa del pasado, sólo hemos ampliado y perfeccionado su esclavitud: hoy en día, los animales siguen siendo tratados como propiedad humana.

Autor desconocido

El derecho civil distingue entre dos tipos de entidades: personas y cosas. Las personas son titulares de derechos; en cambio, las cosas son objetos que pueden poseerse, usarse y transferirse. Esta distinción separa a quienes tienen un valor propio ante la ley de aquello que puede convertirse en propiedad. El estatus de propiedad, entonces, se refiere a la situación legal de un bien —mueble o inmueble— para el disfrute de las personas. Desde esta lógica, los códigos civiles tradicionalmente han considerado a los animales como cosas, pero, aunque algunas reformas recientes los han reconocido como seres sintientes, ese cambio no ha modificado su condición práctica: siguen siendo tratados como objetos de nuestra propiedad.

Autor desconocido

Explotar significa sacar provecho de algo o de alguien. Cuando se trata de alguien, implica colocarlo en una posición de subordinación y convertirlo en un medio para alcanzar fines propios. En este sentido, la explotación animal consiste en utilizar a los animales para satisfacer necesidades o deseos humanos y es una forma de dominio, ya que somos nosotros quienes tenemos el control y el poder sobre su libertad.

Hasta ahora, ha habido un énfasis en criticar las formas de explotación animal que generan sufrimiento evidente y que incluso la propia sociedad considera crueles. Pero aunque la crueldad se perciba como un agravante, el veganismo cuestiona la explotación en sí misma, exista o no sufrimiento visible.

Foto por Anson Antony

Un interés es la inclinación o motivación consciente que nos mueve hacia una acción, una persona o una actividad. Es aquello que nos importa o que, de alguna manera, nos afecta. La capacidad de sentir genera una forma de conciencia individual desde la que surgen intereses. Siguiendo esta lógica, los animales tienen intereses particulares, ligados a lo que les beneficia o perjudica, porque también viven una experiencia propia del mundo. Desde esta perspectiva, el veganismo sostiene que existe un interés básico y común a todos los animales: la libertad. No como una idea abstracta, sino como la posibilidad de desarrollarse para sí mismos y vivir bajo sus propios términos, sin estar subordinados a fines ajenos.

Foto por Krzysztof Niewolny

Un principio es el punto de partida que sirve como base para pensar o actuar. Es decir, orienta nuestras decisiones y comportamientos. Un principio ético, en cambio, se trata de un principio específico: es una norma de alcance universal que guía nuestra conducta desde una perspectiva moral. Los principios éticos no dependen de gustos, opiniones, preferencias o costumbres personales, sino que buscan sostenerse en la razón.

El veganismo se plantea así como un principio ético: los seres humanos debemos vivir sin explotar animales porque usar a un ser sintiente como medio para nuestros fines significa ignorar su capacidad de sentir, su valor inherente y su libertad. En el fondo, es negar lo que ese ser realmente es.

Autor desconocido

El prohibicionismo es una postura política que busca prohibir y sancionar ciertas prácticas con animales que la mayoría de la sociedad considera crueles. Por ejemplo, el movimiento antitaurino rechaza las corridas de toros por el grado de sufrimiento que implican. Sin embargo, el prohibicionismo no suele cuestionar la explotación en sí ni el hecho de que los animales sigan siendo considerados propiedad. Más bien, refuerza la idea de que unas explotaciones son más tolerables que otras. Así, se enfoca en prácticas altamente violentas, mientras la raíz del problema permanece intacta.

Foto por Steve Adams

La sintiencia es la capacidad de sentir: de experimentar sensaciones y estados subjetivos en respuesta a estímulos externos e internos. Esta capacidad surge con la existencia de un sistema nervioso activo y da lugar a una conciencia individual.

Los animales son seres sintientes porque viven su propia experiencia. Perciben el entorno a través de sus sentidos, se ubican en él y actúan de manera intencional según lo que les beneficia o perjudica; toman decisiones basadas en el aprendizaje y en sus experiencias previas. Para ser sintiente no es necesario reflexionar de forma abstracta sobre lo que se siente. Es decir, no hace falta pensar “estoy sintiendo dolor” para que el dolor exista. Es suficiente con poder experimentarlo.

Así, el veganismo toma la sintiencia como punto de partida para la consideración moral, pues si un ser puede sentir, entonces le importa lo que le sucede. Y de esta capacidad nace el interés básico en vivir sin imposiciones, en ser libre.

Foto por Joshua J. Cotten

El valor inherente es el valor que un ser tiene por sí mismo, no porque alguien más se lo otorgue. Es decir, no depende de la utilidad, del reconocimiento ni de la opinión de otros; nace de su propia existencia como ser sintiente. En el caso de los animales, ese valor radica en que ellos mismos valoran su experiencia. Esto significa que son valiosos en sí mismos, no porque nosotros decidamos que lo son.

En cambio, el valor extrínseco depende siempre de una fuente externa. Un automóvil, por ejemplo, vale lo que nosotros le asignemos. Si nadie lo valora, entonces carece de valor porque ese valor viene de fuera de la entidad en cuestión.

Dicho de otra forma: el valor inherente de los animales está en su propia mente, en su capacidad de experimentar la vida, no en nuestros juicios sobre ellos. Lo que nosotros opinemos sólo puede darles un valor extrínseco. Desde esta perspectiva, el veganismo asume una postura coherente: si los animales son valiosos en sí mismos, no deberíamos explotarlos, sin importar cuánto puedan beneficiarnos, ya que su valor no depende de lo que tomamos de ellos, sino de lo que son.

Foto por Peter Chou

El vegetarianismo es un régimen alimenticio que excluye el consumo de tejido muerto de animales, pero suele permitir secreciones como el huevo, la leche o la miel. En ese sentido, aunque evita la muerte intencionada para su consumo, sigue admitiendo la explotación de algunas especies en beneficio humano.


Una de sus variantes es el vegetarianismo estricto que consiste en llevar una dieta completamente vegetal. Sin embargo, es importante no confundirlo con el veganismo puesto que el veganismo no es una manera de comer, sino un principio ético que rechaza toda forma de explotación animal, no sólo en la alimentación.

©ROMPEJAULAS

2026

Privacy Preference Center